Los lectores que leen como salvajes destinan tiempo para leer

reading in the wildDurante mis vacaciones de Navidad me he leído el libro de Donalyn Miller “Reading in the Wild: The Book Whisperer’s Keys to Cultivating Lifelong Reading Habits” (Jossey-Bass, 2014) que me ha inspirado para adoptar algunas de sus ideas en mi trabajo habitual de bibliotecaria escolar en un colegio IB, así como guiar de manera más consciente mis propias lecturas.

Mi traducción del título sería “Leyendo como salvaje” ya que el libro de D.Miller gira en torno a los cinco hábitos y actitudes que tienen los lectores que incorporan la lectura como un acto de vida. En Chile existe una expresión de hacer algo como salvaje, que indica que se hace de manera desmesurada, de allí mi traducción a leer como salvaje que creo se acerca más que a la traducción literal de Leyendo en la naturaleza o algo parecido.

Miller da ideas de cómo promover estos hábitos y actitudes en la sala de clases basándose en su propia experiencia como profesora de lectura y escritura.

 La autora identifica que los lectores salvajes

  1. Dedican tiempo a leer
  2. Seleccionan por sí mismos sus propios materiales de lectura
  3. Comparten libros y lecturas con otros lectores
  4. Tienen planes de lectura
  5. Muestran preferencias por ciertos géneros literarios, escritores y temas.

 Hoy comentaré el primer hábito.

Los lectores salvajes dedican tiempo a leer. El lector ávido encuentra cualquier excusa para leer y aprovecha momentos que podrían ser perdidos, para poder leer: la cola en el banco, esperando en la consulta del médico o dentista, escuchando libros en el auto mientras conduce al trabajo, en el bus, tren o avión, mientras espera a uno de sus hijos a las puertas del colegio o la práctica de algún deporte, antes de que empiece una película en el cine. Siempre pone en su bolso un libro, por si las moscas, trata que esos minutos muertos no lo pillen desprevenido. ¿Cuántas veces casi me han atropellado por ir caminando embebida en un libro? Últimamente, sin embargo, me he pillado más preocupada de llevar mi teléfono que un libro,y matar esos minutos perdidos revisando emails, o tonteando con el Whatsapp o Facebook. Encontrar tiempo para leer requiere de un compromiso. Si no lo hacemos una prioridad, es fácil no hacerlo. Siempre hay otras cosas más importantes que hacer o que compiten con la lectura: los niños, la falta de sueño, cocinar, lavar la ropa, el trabajo, las redes sociales. Creo que debo volver a mis hábitos antiguos y dejar el teléfono escondido en lo más recóndito de mi mochila o bolsillo.

 En el caso de los niños, pareciera que sucede lo mismo. Si en el colegio no se les da un tiempo para leer lo que les de la gana todos los días, no leerían nunca, haciendo las probabilidades que lleguen a adultos como lectores salvajes casi nulas. Esto hace que sea importante enseñarle a los alumnos a desarrollar la habilidad de encontrar por sí mismos tiempo para leer y para ello hay que conversar con ellos para que tomen consciencia de las infinitas oportunidades de tiempo muerto que podrían dedicarlo a leer, y que no se vean limitados a los 30 minutos de corrido antes de irse a acostar que a veces les exige el profesor.

 Hablar con ellos sobre los minutos que se pueden robar para la lectura, sobre los libros que se han leído de un sentón y reflexionar qué fue lo que les gustó de ellos y proveerles con lecturas que los motiven y enganchen ayuda a los estudiantes a tomar consciencia de sus hábitos de lectura. Donalyn Miller enfatiza que con solo proveer con un lugar y tiempo para leer a los alumnos no es suficiente para que los alumnos sepan encontrar momentos para leer fuera del colegio, o determinar qué condiciones de lectura son sus preferidas  (p.18).  De allí que en su clase cada alumno realiza generalmente en el 2º trimestre, un “itinerario de lectura”, en donde por una semana, anota cada lugar en donde leyó y por cuánto tiempo. Esta actividad ayuda a los alumnos a tomar consciencia de sus propios hábitos de lectura o falta de ellos y a reflexionar sobre qué obstáculos les impide leer. Como dijera John Dewey en “How we think”, no aprendemos de la experiencia…aprendemos al reflexionar sobre la experiencia (Miller,18).

 En mi colegio, las clases de 1º a 4º de primaria vienen una o dos veces por semana a la biblioteca, ya sea para leer de manera independiente o leer en grupo. Cuando los profes quieren que los alumnos dediquen el tiempo a la lectura silenciosa, siempre hay un par de niños que nunca se quedan quietos y por lo mismo no están leyendo, o bien, simulan estar leyendo. ¿Cómo ayudarlos? Generalmente estos niños son los que nunca han tenido demasiado éxito con la lectura e incluso se sienten orgullosos de decir que a ellos la lectura no se les da bien. En colegios competitivos donde se dan lecturas obligatorias, los padres exigen a los niños cosas que ellos no pueden cumplir, o donde los pasaportes de lector o sus variantes son más bien un impedimento que un aliciente, llevan a los niños aún más lejos de encontrar placer en la lectura. La mayoría de las veces, son niños inseguros, carentes de autoestima académica.

 Al leer a Donalyn Miller, me di cuenta que muchas de las estrategias que ella sugiere yo ya las estaba aplicando, pero que quizás las deba hacer más conscientes, e incluso llevar un registro de ellas, de manera personalizada para cada niño.

Primero hay que observar y anotar las conductas de los niños por varios días, para evitar generalizaciones. Todos tenemos días en los cuales no tenemos ganas de leer o estamos más distraídos.

 Luego hay que confrontar a estos estudiantes de manera delicada y con cariño. Ver si ese darse vueltas por la biblioteca, o deseos repentinos de ir al baño o de ayudar, es debido a una conducta relacionada a una mala elección de libro o a una conducta de no leer habitual. Para la primera, se necesita conversar con el niño y sugerirle alternativas más accesibles a su nivel de lectura o intereses. Si leer en general es difícil para estos niños, habría que conversar con ellos para encontrar las causas. A veces no hace falta más que cambiarlos de lugar. (Miller, 29)

 Una vez que se han identificado libros accesibles y que los entusiasme, es importante establecer metas de lecturas realistas y celebrar los pequeños logros ya que los estudiantes que declaran que leer es aburrido, en la mayoría de los casos es porque no han tenido experiencias positivas de lectura, quedándose con la frustración de no finalizar un libro o sentirse conectado con lo que leen (Miller, 30).

 Una estrategia que utiliza D. Miller para iniciar a sus alumnos en la lectura es la del “Estado de la clase” (en relación a la lectura) sacada del libro “The Reading Zone” (2007) de Nancie Atwell. A fines de la primera semana del año escolar, o después de un fin de semana largo o vacaciones de invierno, Miller le pide a sus alumnos durante algunos días que anoten el libro que están leyendo, la página que van a comenzar ese día y una frase (que no delate detalles que podrían arruinar la lectura de otros) que describa que está pasando en el libro. Luego le pide a cada alumno que lea su “estado” en voz alta. Esta estrategia ayuda a los alumnos a practicar el comentar sobre un libro de manera concisa y en un ambiente de poco riesgo. Se refuerza el mensaje que todos deberían estar leyendo y que cada lector tiene un mensaje que compartir. Los estudiantes escuchan sobre los libros que están leyendo sus compañeros y que potencialmente podrían leer ellos y los estudiantes que son más lentos en comenzar a leer, se dan cuenta rápidamente que tienen que compartir con los demás lo que están leyendo (o no), lo que los ayuda a ponerse las pilas (Miller, 36).

 En resumen,el mostrarle a los alumnos cómo  incorporar en su rutina diaria la lectura los enriela en el camino a leer como salvajes y les da la práctica que necesitan para internalizar los otros hábitos.

 If you have never said “Excuse me” to a parking meter or bashed your shins on a fireplug, you are probably wasting too much valuable reading time. / Si ¨nunca le has dicho “Disculpe” a un parquímetro o te has pegado en la pantorrilla con un grifo, estás probablemente perdiendo demasiado tiempo de valiosa lectura.
—  Sherri Chasin Calvo

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