Tres objetos…justo hace 7 años

Ayer tuve una sesión más del taller creativo y documental al que estoy yendo desde el 19 de enero en mi pueblo, Memoria de mujer en 3 actos , y que me inspiró a escribir mi primer post en inglés para un club de escritura reflexiva online que comencé la semana pasada.

Ayer teníamos que escribir como si fuéramos el personaje que nos había aparecido en un ejercicio anterior en el que teníamos que llevar tres objetos de nuestra casa que nos dijera algo, ya sea esto bueno o malo.

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Steve y Matilde durmiendo siesta en Valdivia, Chile, abril 1996

Yo había llevado uno de los dos ponchos que Steve y yo nos compramos en La Ligua tres días antes de casarnos y que nos han acompañado por todas las partes en las que hemos vivido.

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Vincent y sus primos en Oregon, 2007

Son ponchos muy abrigadores,  que siempre hemos tenido en nuestra sala de estar y son un recuerdo constante de mi país de origen, Chile. Han sido ponchos que nos han abrigado en el invierno, acompañado con un buen libro y dormido una buena siesta con uno de nuestros hijos o perros. Los he lavado mil y una vez en la lavadora y siguen igualitos, sin apelmasarse o destruirse. Me encantan, nos han sido fieles durante casi 25 años.

 

 

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IMG_20180202_124516537.jpgEl otro objeto que elegí fue una botella de aceite de oliva extra virgen GringoCool que abundan en nuestra casa. Algunas están en el garage, otras en la cocina, otras al lado de la chimenea, y varias ya afuera en el patio, vacías, en espera de ser recicladas. Representan el tesón y esfuerzo que ha puesto mi marido en echar a volar un negocio que me inspira siempre a decirme a mi misma, “never give up“, además de ser el aceite de oliva tan sano y tan representativo de la España que me ha acogido.

 

Y por último, saqué del baño una botella de vidrio vacía de agua colonia que fue la que le poníamos a mi mamá en sus últimos días de agonía batallando contra el cáncer que se la llevó antes de lo que todos hubiéramos querido, especialmente mi papá. Puede sonar miedo macabro o fetiche este objeto, pero cuando se murió mi mamá, yo ya vivía acá en España, y la fui a ver poco antes que muriera.

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El agua de colonia de hace 7 años

Me pasé los últimos 15 días de su vida junto a ella, en su casa, viviendo y atesorando cada rito de espera de su despedida final. Y cuando recogía sus cosas una vez que había muerto, y limpiaba su closet, me encontré con esta botellita  a la que le quedaban tan solo 2 milímetros de colonia. Impulsivamente la metí en mi maleta y me la traje. La puse en un rincón de mi baño. Al comienzo me ponía una gotita de la colonia detrás de la oreja, para recordar su olor, que aunque fuera el de antes de morir, era dulce, y me apaciguaba. Una vez se terminaron las gotitas, abría la botella y la olía, hasta que al final pasó a formar parte del inconsciente colectivo. El día que me dijeron que tenía que buscar objetos de la casa para llevar al taller, immediatamente se me vino a la mente la botellita que ya casi había olvidado. Cuando la quise buscar en el rincón donde la recordaba la última vez, no la ví y me dio mucha pena cómo podía haberme olvidado de ella. Pocos segundos antes de comenzar a maldecir a Steve quien probablemente la había tirado, la encontré en el mismo baño, perdida en otro rincón de cachivaches, cremas, botellitas y polvo acumulado por el tiempo.

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La botellita en su rincón de cachivaches

La abrí para olerla con la intención de que me trajera nuevamente el olor suave de mi mamá. Para mi desilusión, ya no olía tan bien, quizás a estas alturas, ya solo era un olor rancio, ocre, como de muerte u hospital, lo que me entristeció profundamente. Había perdido en cierto sentido su magia inicial, su poder de curación. Quizás porque ya estaba curada. Casualmente hoy se celebran 7 años desde su muerte.

Una vez que terminó el ejercicio del taller, la volví a dejar en su rincón olvidado, sin valor para tirarla a la basura.

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El atúd de mi mamá a las 7 am del día del funeral. Nadie sabe que saqué esta foto hasta ahora, pero eso es otra historia… 4 enero 2011
Vincent y abuela Ketty.JPG
Mi hijo Vincent con mi abuela paterna quien a los 105 años lloraba la muerte de mi mamá  – 7 febrero 2011
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