Me llamo Primavera…

En mi última entrada del blog escribí de los tres objetos que teníamos que llevar al taller Memoria de mujer en 3 actos , al que estoy yendo desde el 19 de enero. El día que utilizamos los objetos los tuvimos que poner en algún lugar de la sala. La botella de agua de colonia de mi mamá terminó en un rincón igual que en mi casa, el aceite de oliva en una mesa que me evocaba una cocina, y el poncho en el medio del piso, estirado con un libro encima que alguien había llevado. Las demás integrantes del grupo pusieron sus objetos igual que yo, donde mejor les parecía que debían ir.

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Acto seguido, nos pidieron que nos ubicáramos en el rincón que más nos representara, y yo me fui junto con otra compañera, donde estaban el poncho y el libro. Provistas de tijeras, lápices de colores, y papeles de diversas texturas, nos dijeron que le añadiéramos todos los elementos que quisiéramos para sentirnos a gusto. Terminé haciendo un tazón de cartulina para tomar café o té e incluso un cigarrillo para que mi compañera fumara tranquila. Esparcimos algunas flores hechas con papel crepé y nos tendimos y reímos mucho. Nos sentíamos en la campiña, disfrutando de una tarde de picnic, con nuestro libro preferido y el sol en nuestros hombros y cara. A la indicación de que pensáramos en un personaje que nos representara, se me vino al instante “La Primavera” de Boticelli, y como dicen en inglés, me quedé stuck con ese personaje al que tendría que hacerle honores a la sesión siguiente. Además nos dieron de tarea que pensáramos en una frase, o lema reindivicativo, que nos representara y que quisiéramos gritar en voz alta el último día del taller en el que íbamos a representar algo para el público. Ugh. Suspiro. Tener yo que soltar una frase reindivicativa a grito pelado siempre me ha incomodado. Por supuesto, cuando llegó la siguiente sesión, se me había olvidado la tarea.

La sesión comenzó con la lectura de un poema del libro “Mujer descalza junto al mar” de Antonio Castaño y comentario del mismo en partes. Se habían repartido trozos a cada integrante del grupo, quiénes los fueron leyendo por turno dando tiempo a comentar cada uno. Como yo llegué tarde, no me tocó ningún trozo lo que me desilusionó un poco, pues me encanta leer en voz alta. Eso hizo que no me concentrara mucho, además que no me gustó que el poema, que trataba de mujeres, hubiera sido escrito por un hombre, no por el hecho que no fuera un buen poema o pensar, como creen algunos que es el feminismo, que si proviene de un hombre es deleznable. Más bien porque parte del planteamiento del taller había sido el dar a conocer más a artistas mujeres y que una vez finalizado éste, íbamos a llevar en nuestras entrañas con nombres y apellidos, el aporte desconocido de la mujer en todo tipo de arte.

Por de pronto, intentando encontrar el poema exacto de Antonio Castaño en internet, me encontré con un blog llamado Poesía de Mujeres, en donde Ana Muela Sopeña, publica poesía escrita por mujeres de todo el mundo. La última entrada que vi, es del poema “Lejos” de Agnes Agboton de Benin.

Volviendo de mis disgresión, finalmente una de las lecturas del poema de Castaño me llevó a salirme de mi enfado o distracción y me trajo a la cabeza la famosa frase de Neruda que ha sido MI FRASE de lucha política toda mi vida “Podrán cortar las flores, pero no la primavera“.

Por lo que acto seguido, cuando nos indicaron que diéramos a conocer nuestra frase reinvindicativa, voilá, yo ya la tenía.

¡Podrán cortar las flores, pero no la primavera!

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Finalmente, nos pidieron que recordáramos nuestro personaje de dos sesiones atrás, y que escribiéramos en primera persona quiénes éramos. Y como deben recordar, yo era la Primavera de Boticcelli, y si bien nos dieron la libertad de cambiar de personaje, al recordar mi frase reinvindicativa, supe que no podía abandonarlo, por mucho que yo supiera que la cruda realidad era que yo claramente nunca había sido ni sería la Primavera de Boticelli. Aunque debo reconocer aquí, que la que yo tenía en mi mente no era la Primavera sino el Nacimiento de Venus. En todo caso, ambas inalcanzables.

Y ahí estaba yo, con lápiz y papel de nuevo, intentando ponerme en los zapatos o pies descalzos de mi imaginaria Primavera. Y comencé a escribir “Me llamo Primavera,me pusieron así porque nací en marzo, tengo 20 años y tengo el pelo cobrizo, largo y muy rizado” y de repente ¡BOOM! se me vino la imagen de mi hija, y desde ese momento ya no pude parar. Mi hija se había apoderado de mi personaje. Mi útero incondicional me la había llevado hasta el centro de esa habitación desnuda y en menos de lo que canta un gallo escribí lo que me salió de allí y me emocionó. Fue curioso, pero a otra integrante del grupo le pasó lo mismo y su hija de 19 años se posesionó también de su papel.

He aquí mi Primavera:

Me llamo Primavera. Me pusieron así porque nací en marzo. Tengo 21 años. Tengo el pelo cobrizo, largo y muy rizado. Estudio y trabajo a la vez y me visto como me da la gana, aún cuando una profe del Instituto me haya dicho alguna vez: “Tú eres muy mona, pero te vistes pésimo”.

Me emocionan los detalles pequeños, la vida urbana entremezclada con la naturaleza y las grandes injusticias que conviven en nuestra sociedad como si no existieran. No me gusta que me vean llorar, pues siento que me van a mirar en menos, o no valorar mi capacidad de trabajo.

Soy alegre, fuerte, segura y el futuro me sonríe. Mi frase por siempre será la de Pablo Neruda: “Podrán cortar las flores, pero no la primavera“.

Quizás mi hija es para mi, como yo lo fui para mi mamá, y como lo fue mi mamá, para su hermana mayor, su suegra y su propia mamá, una nueva generación que pueda continuar nuestros logros, y reconstruya de nuestros fracasos, esperando que no caigan en las propias trampas que nosotras mismas le hemos tendido, sino que en las redes de amor y apoyo que hemos intentado torpemente darles para que lleguen a una nueva orilla, caminando de frente y orgullosas, sin odio o rencor, sino con energía revitalizadora, capaz de sanar hasta las heridas más profundas de nuestra sociedad.

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Me llamo Primavera. Me pusieron así porque nací en marzo. Tengo 21 años. Tengo el pelo cobrizo, largo y muy rizado. Foto “a lo Tuenti” que le carga a mi hija Matilde: Pia Alliende
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Estudio y trabajo a la vez y me visto como me da la gana, aún cuando una profe del Instituto me haya dicho alguna vez: “Tú eres muy mona, pero te vistes pésimo”. Foto: Antonio Morilla
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Me emocionan los detalles pequeños, la vida urbana entremezclada con la naturaleza y las grandes injusticias que conviven en nuestra sociedad como si no existieran. Foto: Sonnie Hiles
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No me gusta que me vean llorar, pues siento que me van a mirar en menos, o no valorar mi capacidad de trabajo. Foto: María José Larraín.
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Soy alegre, fuerte, segura y el futuro me sonríe. Foto: Cinta Martin
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Mi frase por siempre será la de Pablo Neruda: “Podrán cortar las flores, pero no la primavera”.