El cuento del lobo Tata y su camada (en homenaje a mi padre)

El cuento del lobo Tata y su camada (en homenaje a mi padre)

Basado en una leyenda de la tribu de los Alliende Edwards.

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Había una vez un lobo que se llamaba Tata que hace más de 60 años comenzó una manada con una loba de una manada de alta alcurnia, pero un poco venida a menos. Su nombre era Bobe. Con ella tuvo una camada muy peculiar, pues ninguno de los retoños que les nacieron se parecían entre si.

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El primero nació después de un año de lágrimas de la loba Bobe quien lloraba cuando no le venía el celo ya que el lobo Tata tenía muy buen olfato y el macho Alfa de la gran manada Alliende le había dicho que probablemente era vana. Ella pensaba que a lo mejor la mandaban a vivir con los Omegas. Pero, al poco andar, el gran macho alfa se dio cuenta que esta loba no era una loba cualquiera y dejó de molestarla. Por el contrario, le tomó un gran cariño y respeto.

Es así como a pesar de las malas predicciones, un día de junio como hoy, bajo una tormenta gélida nació el primer retoño. Desde el comienzo se extrañaron de su aspecto, ya que el lobito leía muchísimo, y con gran rapidez. Era bastante tímido, tenía los pelos rizados que parecían plumas, y los ojos grandes y atentos. Un día, el lobo Tata mientras lo observaba, exclamó: “Este cachorro no tiene ningún aspecto de lobo, más bien parece un búho” y es así como al primogénito siempre lo llamaron Búho Rodión. Aunque después de un tiempo a éste no le gustó su apodo y obligó a todo el mundo a que lo llamaran Pá, así, a secas.

No había pasado ni un mes desde que había nacido el búho Rodión, cuando la loba Bobe se dio cuenta que ya su leche era escasa. Dicho y hecho doce meses después nacía el siguiente cachorrito. Con el corte de la leche, el Búho Rodión cada día se puso más flaquito y más dado a sus libros. Se han encontrado vestigios de la presencia de estos dos cachorritos a orillas de un lago, en donde sentados en una roca, miraban a la cámara sonrientes. Y en efecto, al segundo lobezno se lo ve imponente, gordo y rebosante, como si se hubiese comido un gallinero completo.

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Cómo se ve, este cachorro tambien era muy listo. Quizás, necesitaba moverse más y eso lo hizo ser un explorador muy ubicado. Sabía orientarse en las partes más recónditas de la selva urbana o de los paseos campestres. Cuando al lobo Tata le fallaba su sentido de la orientación, siempre acudía a su segundo cachorrito. Sin embargo, también encontraba que no parecía lobo, pues era muy críptico, y los lobos generalmente son animales muy directos, hasta el punto que muchas de sus verdades duelen.

Un día mientras lo observaba, el lobo Tata exclamó: “Este cachorro aunque tiene mi aspecto, no tiene totalmente el comportamiento de lobo, más bien parece un zorro” y es así como al segundo de la camada le comenzaron a decir zorro Matarato.

Pasaron dos veranos y la familia vivía en armonía departiendo con la camada de hembras del hermano mayor del lobo Tata. A mediados del otoño, mientras la loba Bobe afanaba para celebrar a su madre criadora que ya estaba algo anciana, en la mitad de los festejos tuvo que ir a recluirse, pues estaba dando a luz a una cachorrita preciosa, con la cara redonda, el pelo muy amarillo y siempre sonriente. En el hecho, era tan alegre que iluminaba los rincones más oscuros con su risa cristalina. Sin embargo, tenía las patitas algo torcidas y siempre le dolían, y a veces le costaba levantarse antes del amanecer para salir a cazar. Un día, el lobo Tata mientras la observaba exclamó: “Esta cachorrita no tiene ningún aspecto o comportamiento de lobo, más bien parece un angelito travieso al que le gusta levantarse después de la salida del sol” y es así como a su primera hija la comenzó a llamar Angelito Sol.

Así pasó el invierno, y dos primaveras. A esas alturas la manada del lobo Tata estaba algo empobrecida. No habían muchos alimentos para todos y a pesar de que había convencido a algunos científicos para que estudiaran a su camada, éstos le habían dicho que no había dinero para sacar más fotos si nacía otro lobito. El lobo Tata trabajaba duro y junto a la loba Bobe participaban activamente en las reuniones espirituales cuando se congregaban con las manadas vecinas. Sin embargo, la loba Bobe ya cansada de que los partos la pillaran de improviso, durante la segunda primavera decidió que esta vez se programaría. En la mañana del primer sábado de noviembre decidió empacar sus cosas e instalarse a parir tranquila, sin sorpresas o incertidumbres. Y así fue como nació la cuarta de la camada, y segunda cachorrita. El lobo Tata la encontró un poquito con cara de pera con lo cual no le importó demasiado que no hubiera plata para que le sacaran fotos. Pero esta cachorrita, viendo que estaba en desventaja y que nunca iba a poder competir con la sabiduría, la astucia o la alegría de sus hermanos, decidió conquistarle el corazón al lobo Tata. Todas las mañanas se metía en su cama y se quedaba quietecita escuchando las conversaciones de sus papás y sintiendo el calor de su pelaje y la protección de sus abrazos. Le gustaba escuchar sus historias de las manadas vecinas, de la situación social y política del territorio además de todos los chismes de su manada paterna y la de la manada de los hermanos de la loba Bobe. Le encantaba que le contaran cuentos. Éstos la relajaban mucho cuando se enfermaba de las amígdalas y le tenían que poner una inyección. Ella quería ser doctora cuando grande, aunque todo le daba un poco de susto y era tímida. Un día que la manada decidió ir de excursión a la nieve, a esta cachorrita se le congelaron las patitas, y le dolieron tanto, que la loba Bobe decidió tejerle en el instante unas medias rojas que calentaron la desilusión que le había producido caminar por el agua congelada. Y cuando el lobo Tata la miró, exclamó: “Esta cachorrita tampoco parece lobo. No aguanta las bromas, o no las entiende, se pone a llorar por nada y es muy regalona. La voy a proteger de los lobos curiosos toda mi vida. Es como una paloma, es mi pichona. Y desde ahí todos la llamaron la doctora Pichona.

El lobo Tata preocupado de la educación de su camada, no se sabe si por su situación económica precaria o su gusto por las manualidades, comenzó a construir unos libros con cartón corrugado y recortes de periódico, que los cachorritos leían con fruición.

Pasaron dos veranos más, llegó el otoño y el invierno, y cuando comenzaron a aparecer algunas incipientes flores adelantadas de la primavera, nació el quinto cachorrito. Dice la leyenda que por esos tiempos había un científico que estudiaba el comportamiento de las lobas durante el parto y la loba Bobe, que era muy abierta a los nuevos tiempos y los avances en la medicina aceptó que le pusieran un gas hilarante mientras nacía su cachorrito. Y se dice que rió, y rió y rió por espacio de seis horas, hasta que salió de sus entrañas un cachorrito que comenzó a mirar todo muy atento y a opinar desde que abrió los ojos. Y mientras más se reía la loba Bobe, más hablaba su cachorrito. Además, éste era muy inquieto y distraído. Le quitaba las tijeritas a la loba Bobe quien reemplazó sus carcajadas del parto por aullidos de desesperación cada vez que no podía cortarse las uñas. Dicen por ahí, que una vez, todos los hermanos mayores se reunieron y armaron un motín contra el cachorrito menor, quién, por ser el concho, hacía lo que le daba la gana y no le gustaba confesar sus fechorías, sino más bien tenía argumento para todo, dando innumerables ejemplos para ilustrar los casos más variopintos. Además, desde pequeñito comenzó a demostrar sus habilidades para las finanzas. Arrendaba el reloj de la manada durante los recreos del colegio y con sus ganancias se compraba el último avance tecnológico para calcular. Un día cuando el lobo Tata lo observaba, exclamó: “Este cachorrito a pesar que se parece bastante a mí, habla mucho, mete la cuchara en todas partes, compra al boleo y le gusta darse vueltas como si no se le acabara la cuerda. Más parece un pato. Y desde ese momento, al quinto lobezno le llamaron Patito Cucharón.

Y es así, como el lobo Tata formó su manada que se fue extendiendo e influyendo a toda la región Andina. Su manada ya no era solo de lobos, sino que se unieron los más variados animales, desde la Jirafa Rafa, hasta la cochinilla Justilla, el potrillo Pancho y el chivo Joaco. Incluso sus historias llegaron hasta EEUU dónde el Capitán Wilson y su feisima y desalmada hermana Jennifer, se encargaron de difundir su fama de buen padre, macho criador, protector y un poquito mal genio, sobre todo cuando creía que sus cachorritos no iban por el camino correcto. Esto a veces causaba el estupor, rabia, culpabilidad o indignación de sus cinco retoños, quienes reaccionaban de manera diferente ante estos enojos, por sobre todo porque todos habían sido criados bajo su olfato y ojo avizor y no les cabía duda que el lobo Tata había cumplido con su misión con creces.

Una muestra de ello fue, que el día que murió, el Angelito Sol estuvo a su lado iluminándolo y prodigándole la paz que necesitaba para morir, recibiendo la unción de los enfermos y rezando por su cuerpo y alma. El zorro Matarato, quién había estado a su lado todos ese día y había salido nada más un ratito a comprarle algo para que se aliviaran parte de sus dolencias, se vió atascado en un taco que ni su olfato ni buena ubicación lo pudo ayudar frente al crecimiento desmesurado de la jungla urbana. El búho Rodión estaba trabajando y perfeccionando los listados del supermercado para que pudiera continuar disfrutando de la comida que tanto le gustaba, y la doctora Pichona, que había volado ya hace un tiempo a otra manada lejana, viajaba con el Pato Cucharón, quién después de haber manejado durante ocho horas seguidas para comenzar el vuelo de regreso, dormía bajo la sombra de un árbol en Dinamarca. Dice la leyenda que cuando el lobo Tata murió, pensaba en su hijo Cucharón que incluso dormido era capaz de seguir hablando, ya que sus ronquidos hicieron temblar su lecho de enfermo, quizás comunicándose con él por última vez.

Muchos miembros de la manada extendida fueron a darle su último respeto, y los que estaban a cargo de su cuidado, dieron todo su tiempo y olvidaron su propio cansancio para que el lobo Tata lograra descansar en paz y finalmente, después de ansiados 7 años y cinco meses, se uniera al alma de su querida loba Bobe.

El día de su entierro acudieron animales desde todas partes de la comarca. Se dice que cada uno de los que estaba presente había sido tocado por las grandes patas generosas y gregarias del lobo Tata.

El lobo Tata siempre decía medio en broma medio en serio que el era un don Nadie, un vulgar lobo Omega. Sin embargo,sus acciones las hizo tratando de adelantarse al peligro, con sigilo pero de manera audaz, a ras del suelo, pues los lobos no tienen alas. A pesar de ello, el lobo Tata se encargó que cada uno de los que se cruzó por su camino, las tuviera grandes, fuertes, amplias, para volar alto, muy alto.

Y ahora es misión de sus cinco cachorros, su búho, su zorro, su Angelito Sol, su pichona y su cucharón de continuar con sus propias camadas, la creación de manadas propias que continúen su legado y lo enriquezcan con sus valores, creencias y cualidades.

Gracias lobo Tata, descansa en paz junto a tu amada loba Bobe, (quién, por esas paradojas de la vida, tampoco era loba, era su perrita).

Maria Piedad Alliende Edwards – 8-10 de junio 2018

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La llegada de Vincent James McCann Alliende

Hace poco encontré El Intervencionista original en papel, el Nº2 denominado del Calle-Calle (El Nº 1 era del Dañicalqui). En él, relato el nacimiento de mi hijo Vincent que me hizo revivir esos momentos que no se olvidan nunca, pero que con el paso de los años comienzan a cubrirse de una neblina, donde los detalles se olvidan o se convierten en otra historia. Lo quise compartir, pues ha sido uno de los momentos más importantes de mi vida, darle la bienvenida a la vida a un hijo tan maravilloso como lo es Vincent.

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Extractos de El Intervencionista del Calle-Calle vol. 1, Nº2 del 2 de diciembre de 1997.

El día 23 de octubre de 1997, a las 18:00 h, yo, la madre de la criatura, figuraba en el Colegio San Luis de Alba, donde trabajo como coordinadora de historia, geografía y ciencias naturales. Todos los profesores me echaban tallas. La guagua iba a nacer in situ. A las 7 pm del mismo día fui al doc, el conocidísimo guatón Isla. Tenía 3 cms. de dilatación. La guagua probablemente nacería esa noche o al día siguiente, por lo que fui citada a la clínica Alemana a las 22:30 de este día para un chequeo con la midwife (matrona para los monolingües). Reconozco me dio un poquito de susto la noticia que tanto estaba esperando. Mi guata ya no daba más de grande. Había engordado 15 kilos de los cuales 10 eran pura guagua y sus aditamentos. Me tenía, lo que se llama guatona la situación. Pero el solo hecho que el gran momento esperado se aproximaba, me dio pánico. Eché mis lagrimones en el auto, llegué a la casa y le conté a Steven que no lo podía creer. Ese mismo día llegaban el Tata y la Bobe desde Santiago. Era una noche lluviosa. Debido a las circunstancias toda la familia McCann Alliende se duchó, para esperar a los tatas y al Vincent limpiecitos.

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Vincent posa en el mercado fluvial de Valdivia en diciembre 2008. La Matilde está detrás

Ya en la mañana, la Matilde y yo habíamos ido al mercado fluvial a comprar choritos y pescado para recibir a los flamantes abuelos. Quizás la dilatación se debía a que tuve que acarrear 2 kilos de choritos , más uno de salmón, medio de limón y a la Matilde que se cansó y me pidió upa, en el medio de los ajetreos propios del mercado.

A las 8:30 pm oímos la voz fuerte del Tata gritando que le abriéramos la puerta. Llegaron cual viejito pascuero mojados por la lluvia. La Matilde alucinada con su presencia, especialmente la del Tata. Más tarde nos daríamos cuenta que sufre de un enamoramiento fulminante con mi padre. Yo estaba bastante nerviosilla y no sé si fue bien disimulado o no.

A las 10:30 pm, después de comida, partimos a la clínica. Llegamos cinco minutos después. Ventajas de la provincia. Ante 4 cms. de dilatación fui dejada allí. Steven con celular en mano (sí, ya existían) se comunicaba cada cinco minutos por instrucciones de la Bobe, con el comando tatas. Yo fui introducida en la sala de pre-partos donde fui sometida a todas las vejaciones propias de la ocasión (depilada, lavado intestinal, pinchazos, sueros y demás delicias de la maternidad). Luego estas atenciones continuaron cuando me trasladaron a la sala de partos donde la rotura de la bolsa de agua y la espera de mayores y más dolorosas contracciones hacía que el grupito conformado por el anestesista, la matrona, el obstetra y la auxiliar, me pareciera más un grupo de sádicos que observaban gozosos mis retorcijones. No saben cómo eché de menos la manito de monja de mi cuñada Mariana. En tanto, a Steven lo habían mandado a mi pieza en la clínica, pues la guagua nacería tipín 3 am y era recién medianoche. Definitivamente el niño nacería el 24.

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Visitando la Clínica Alemana de Valdivia con Vincent en diciembre 2008

En un momento tenía tanto sueño que habría sido feliz si me hubieran dejado sola para echar un cachuelito. Sin embargo, seguí por espacio de una hora y media rodeada de doctores que observaban impávidos mis movimientos dolorosos y me hablaban de la conferencia que tenían que dictar al día siguiente. Me sentía completamente entregada a las circunstancias. Como a la 1:30 am tenía 8 cms. de dilatación y ya me habían puesto anestesia, que al parecer no me hizo efecto porque me dolía como un chancho. La matrona me diría después que había tenido un parto muy natural.

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A mi me bajó la neura de que Steven no estuviera y le rogué a la auxiliar que lo llamara. Ya me lo imaginaba contestando el teléfono de la pieza que iba, y dándose media vuelta en la cama para seguir durmiendo.

En el intertanto, la matrona quería que hiciéramos un “ensayo” de puje, el que me salió tan mal, que me retó y me dijo con palabras sutiles, pero firmes que las guaguas no salían apretando los dientes ni los ojos…y como le dijera la matrona a la Trini Alliende “las guaguas nacen con el poto m´hijita, no con los dientes“. Aprendí mi lección,pero puchas que dolía y yo me negaba a hacer un puje más si Steve no llegaba. Finalmente llegó todo vestido de celeste. Sentí un gran alivio. Me pegué mis lloriqueos, le mordí la mano varias veces y en cuatro pujones Vincent estaba afuera llorando con una voz bien ronca, fuerte y varonil.

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Me lo pusieron encima de mi pecho antes de cortarle el cordón umbilical y luego se lo llevaron a medir y pesar. Eran las 2:45 am. Pesaba 4 kilos y medía 55,5 cms. Steven participó activamente en todo el proceso y como la habitación era chiquitita, nunca lo perdí de vista. Incluso vio el saco y la placenta, que yo había acarreado junto con Vincent por espacio de nueve meses.

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Creerlo o no, Steven se veía fascinado. Por mientras, el doctor Isla acarreaba baldes de povidona yodada y me los tiraba encima de mis partes pudendas diciendo “para que no digan que no te desinfecté”. Él había sido testigo de una infección del demonio que casi me había matado 19 meses atrás después de haber tenido a la Matilde. Había llegado a su consulta por primera vez en cuatro patas arriba del asiento trasero de un taxi y en un solo grito de dolor.

A las 4:30 am estábamos los tres en la pieza Nº34, que al día siguiente tuve el “privilegio” de tener que compartir con una secretaria de Dicom, Ximena Rettig, quien estaba con un ataque a la vesícula y con siete meses de embarazo, porque el día anterior se dedicó a pelar chunchules y comer un pollo mayo al desayuno, una empanada al mediodía, dos lomito palta al almuerzo, un litro de leche, un litro de jugo, tres coca-colas, un pastel con crema y al desvelarse a la 1 de la mañana, pollo escabechado que había sobrado de la comida. Pan integral, yogures o quesillos, ella no comía, “porque le caían mal, pues tenía colon irritable”.

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La Matilde convertida en una verdadera muñeca Chucky

A la mañana siguiente llegaron Steven con la Matilde a ver a la guagua. La Matilde está obsecionada con Vincent, le da continuamente besitos. Ahora último eso sí, ha cambiado sus nanais por mordeduras que he tenido que supervisar de manera constante. Ya lleva tres pelotazos, un librazo, y un estuchazo en la cabeza. Si Vincent subsiste es porque tiene la cabeza dura. Ya veremos como continúa esta historia…

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En la pieza Nº34, diez años después

Vincent y yo nos pasamos dos días en la clínica super tranquilos. Fuera de las visitas constantes de los tatas, su padre y hermana, solo llegaron a verlo la Verónica, mi mejor amiga en Valdivia, y la directora del colegio donde yo trabajaba. Qué comparación con la lluvia de regalos y seguidilla de gente que había ido a conocer a la Matilde en Santiago el año anterior. Y sin embargo, a pesar de sentirme algo triste por lo escuálido de los regalos de mi guatón, que en cierto modo reflejaba mi reducida popularidad y desenvolvimiento social, siempre lo recuerdo como lo mejor que me ha pasado. Sentirme cercana a él, que no se lo llevaran de mi pieza, ni me dieran píldoras para relajarme, solo él y yo pasando horas silenciosas juntitos, regalonenado y comenzando a conocernos fuera de mi cuerpo.

La Matilde quedó super spoiled con la estadía de los tatas que se prolongó hasta el 10 de noviembre la de la Bobe, y el Tata viniendo los fines de semana. Llegamos a la conclusión que está enamorada de su Tatata como ella le dice, pues no hace más que verlo, para olvidarse de la existencia de todos los demás, incluso de la Bobe, lo que es mucho decir. Un día el Tata llegó agotado a verme a la clínica. Se le había ocurrido salir a pasear con la Matilde (de un año siete meses) sin coche, y por supuesto, ésta se chantó a la media cuadra igual que un perro. Resultado, el Tatata ha tenido que llevarla en brazos a la hasta el centro de Valdivia y después hasta la clínica. Flor de ejercicio para la espalda. Como pueden ver, el enamoramiento es mutuo.

La Bobe, por su parte, prodigó cariños a borbotones, no solo a la Matilde, sino que a su hijita y a su nuevo retoño, que ella considera “tan bonito”. Por quince días vivió en una pieza de un metro por dos, sintiéndose en el Skorpios por lo reducido de su espacio (y no por el lujo, precisamente). Yo, gracias a sus cuidados, los de Steven y mi doctor, he quedado sana como lechuga, con diez kilos menos de los 15 que engordé en menos de quince días, y sin ninguna “lesión”. Vincent, por su parte, engordó un kilo y medio el primer mes, y ahora está pesando más de 5 kilos y medio. Al parecer, la leche de foca continúa haciendo sus efectos…
Vocabulario:
Bobe: la abuela Isabel Edwards Pinto, madre de los Alliende Edwards
Chantarse: detenerse
Choritos: Mejillones
Coche: carrito para bebés
Echar tallas: embromar a alguien en modo simpático
Estar guatona: estar molesta con algo o una situación
Guagua: bebé
Guata: barriga, estómago
Media cuadra: media calle, medio bloque
Midwife: matrona
Pieza: habitación
Retar: regañar
Spoiled: mimado, engreído (en chileno no tenemos una palabra específica, pues regaloneada tiene una connotación positiva, no negativa. En chilensis se podrían referir a un niño mimado como “el concho de su madre”, o “cabro de mierda”).
Tata: abuelo
Upa: manera como piden los niños en Chile que los lleven en brazos

La Blanquita Edwards Pinto

Me ha dado por rebuscar archivos viejos, tratando de rescatar cartas y escritos que si no se perderán en el cementerio ciberespacial. Hoy encontré algo que escribí cuando se murió la  Blanca, una tía, hermana de mi mamá, que ejerció gran influencia en nuestras vidas de niños y no tan niños. Aquí está mi breve homenaje a la Blanca cuando supe que se había muerto en Santiago de Chile, mientras yo vivía en Annandale, Virginia, EEUU.

DESDE LA DISTANCIA…

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Blanca Edwards Pinto – 1928

Hoy día cuando hablaba con mi hija Matilde de seis años contándole que la Blanca estaba muy enfermita y que a lo mejor se moría y la Bobe no podría venir a visitarnos, ella me preguntó ¿¡por qué!?
– Bueno, porque la Bobe se va a sentir con pena, y va a querer estar con el Tata, para consolarla — le contesté
– ¿Y quién me va a consolar a mi? me preguntó la Matilde.
Yo no sabía a ciencia cierta si el consuelo era por la Blanca o porque la Bobe no iba poder venir a vernos, por lo que le pregunté: ¿Consolarte de qué?
De que se muera la Blanca, porque a mi también me va a dar pena – me dijo y continuó: ¿Y la abuelita Kätty?
– No, la abuelita Kätty está bien.
– No, yo pregunto ¿era la abuelita Kätty amiga de la Blanca?
– Sí, le dije. ¿Por qué?
Porque a ella también la van a tener que consolar.

1993 La familia Alliende Edwards
La Blanca, la abuela Kätty, mis papás, hermanos y sobrinos en nuestro matrimonio

Y así es, si bien todos sabíamos que tarde o temprano la Blanca iba a morirse, igual da pena. Da pena porque se vienen encima todos los recuerdos, las alegrías y sufrimientos pasados junto a ella o que pasaron alrededor de ella. Haber deseado que llevara una calidad de vida mejor los últimos años, pero a fin de cuentas guardar lo mejor de ella.

BlancaCuando pienso en la Blanca pienso en su elegancia, en su sinceridad y tranquilidad, en su accesibilidad, humildad y también en que era una señora muy bonita. Esas son las impresiones que tuvo Steven al conocerla hace diez años. Y todo el mundo coincidía con ello. La reina de Inglaterra como le decía mi papá, una lady, que mientras todos devorábamos pescados y mariscos en un restaurant del Duao a las 3 de la tarde, ella tomaba té con tostadas y mermeladas. Que cuando vino a visitarnos a Washington se dedicó a hacer compras para todos los nietos y bisnietos, que cuando viajábamos en metro mientras yo ya estaba en la puerta para salir apurada, ella me miraba con una sonrisa plácida, dejaba desaprensiva la cartera en el asiento a merced de los ladrones mientras se ponía parsimoniosamente el chaleco, mientras yo le hacía señas frenética. Ella me miraba tranquila, y sin agitarse caminaba y justo cuando el metro paraba ella salía invicta por la puerta como una gran señora. Yo la seguía con la mirada, suspiraba y pensaba lo admirable que era esa calma. Recorrimos todos los malls de Washington, visitamos las antiguas calles y casa en la que ella había estado en el año 42, nos contó cuentos de su niñez y de Juan, nos invitó a almorzar a un restaurant a orillas del río Potomac para celebrar mi cumpleaños, fue la primera persona de la familia en conocer a Steven y hablarle en un inglés british impecable. La Blanca siempre fue una persona que rodeó mi vida y mi familia. Siempre era tema obligado en nuestras conversaciones. Si bien ella no era confrontacional, provocaba la confrontación.

Pero no solo me puedo quedar con la imagen de la Blanca de los últimos seis o siete años en que estuvo en cama, ni siquiera la que tengo de mi vida adulta. La Blanca era deportista, nadaba, jugaba golf, tenía una memoria de elefante, nos tejía maravilloso, y nos daba unos almuerzos con todo de primera. Jamón del mejor, una carne blandita con un olor rico, inolvidable, aceite de oliva…y cuando registrábamos sus closets, que mi mamá le decía almacén el Pollito y siempre encontrábamos algún cachureo o comprita olvidada de algún mall de la que podíamos echar mano. Cuando era chica e íbamos a visitarla a ella y Juan, yo me sentía su aliada, su compañera. Me gustaba su presencia, me daba paz y tranquilidad.

Blanca e Isabelita
La Blanca con la Isabelita (mi mamá)

Blanquita querida, Blancucha, Blanca, Blanquecina descansa en paz, que Dios te regalonee y cuide, igual como lo hicieron en la tierra tus hermanos, cuñados, y sobri-nietos y bisnietos.
Nosotros desde la distancia te mandamos un beso, y el deseo de que todos encuentren la tranquilidad y calma que tú tenías.
Steven, Pia, Matilde y Vincent
6 de marzo 2002

 

Reto de marzo: 2do día

Ayer inicié un reto de escribir en mi blog una vez al día por todo el mes de marzo. No sé si lo lograré, pero lo intentaré. Escribiré un poquitito, tonteritas, o lo que se me venga a la cabeza en mi Spanglish multinacional. Cuando tenga más tiempo los decoraré con imágenes multicolores, pues creo que eso es lo que toma más tiempo a la hora de escribir una entrada de blog. Ahora entiendo a los alumnos cuando van a la biblioteca y se dedican toda la hora de clases a buscar una sola imagen. Por algo dicen que una imagen vale más que mil palabras. Bueno, puede que con este reto, trate de demostrar lo contrario o que se complementan.

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Cuando estaba en el taller de las mujeres nos hicieron hacer un ejercicio en parejas. Como éramos número impar, a mi me tocó observar lo que veía y escribir lo que sentía al observarlo. Esto fue lo que me salió.

AMIGA

Me abro y lanzo,

te llevo,

te apoyo,

vuelo, te llamo,

no vienes,

me inclino y me resigno.

Te acompaño.

Salgamos de aquí.

Te admiro, te sigo,

te muevo,

te quiero.

Yo soy

Mientras ordenaba mi desorden, encontré un papel reciclado en el que había escrito esto que no sé cuándo ni cómo lo hice, pero que me pareció que no lo debía tirar, y más bien preservar. Creo que lo escribí en el taller de mujeres, pero no me acordaba.

YO SOY

Yo soy pasión, contradicciones, energía,

timidez,

valiente y cobarde.

Soy un cúmulo de sentimientos

que salen de mi ser

y otros que me atacan.

Soy valiosa, soy inservible,

un dolor,

una pena,

una risa,

un corazón que revienta

y no sabe cómo mantenerse quieto.

O está quieto,

casi invisible mientras transitan los días de su vida.

Soy libros,

soy Facebook, Whatsapp, Instagram.

Soy madre, esposa esposada

que busca desposarse para surgir como la que quiere ser,

perdiendo o no queriendo perder;

fuerte, frágil, llorona,

egoísta y generosa.

Soy soñadora,

Soy MUJER.

Mistakes, biutiful mistakes…

To the Beauty of Failure
To the beauty of failure

As perfectionist as I am, committing mistakes is part of my every day life. One of the reasons why I am not very good at writing blog posts is because I am scared of all the grammar mistakes I will commit. It takes time to write “the perfect post” in English. You don’t have an idea how many times I edit them, and how many mistakes I find every time I re-read them. I hate to commit misspelling mistakes. Even in Facebook, Instagram or Whatsapp. I wish I were like those young adults that write in social media, with awful misspellings, almost as a new language, and enjoying it.

Even though, I am aware I commit tons of grammar mistakes while writing in English, I am starting to shake myself up, and grow a “who cares” attitude. That’s the only way I can improve my writing, by writing and committing mistakes, catch them, and correct them if possible, or move on.

busy libraryfussyBut that’s a mistake that doesn’t do any harm (but to my ego), and I might not consider those as biutiful mistakes. A biutiful mistake is the one that makes you grow as a person, and hopefully become a better one. One of these mistakes happen to me one day while I was working after school at the library. They have been pressuring us to finish a cataloging project, and I had almost three hours ahead of me for catching up on the project. So, I was happy to be on the late shift. But, oh well, nothing is perfect. The usual group of middle school boys showed up. I called them the ¨soccer boys” since they dropped themselves in the library with an attitude, with their laptops in hands only to be used to play shooting video games, and with a loud voices to call people out from one side to the other of the room. They were noisy, bored to death and in the library just to kill time until their practice started.  They were also, quick, sharp, and funny. I think that to certain degree, part of their thrill was to make the librarian in charge mad. The library was the only place in the school after classes that offered them tables and outlets for their laptops, and air conditioning that they can request to be turned on or off at their leisure.

That particular day, they were tons of other tired younger students in the library struggling with homework, and older ones that were studying for tests. Usually, the presence of the soccer boys was for the rest of the kids, a blessing and a curse. A blessing because they got to laugh and get distracted; the younger ones looked up at them and admire their corky personalities. For the older ones, by being observant of a situation that they didn’t approve, gave them an opportunity to judge. The curse was that nobody got things done.

Shushing librarianAnd I lost it. Yes, I was so frustrated that I started shushing them first, and then getting out of my desk yelling. After like 10 minutes of back and forth arguments, I kicked them out of the library. It was not a planned or controlled madness, and that upset me the most. When I was done yelling, I returned all flustered to my desk and started scoping the space. I noticed that in a corner there were a couple of very quiet parents reading, They had witnessed my tantrum from the start to the end. I freaked out. These parents were going to sue me. I was going to be fired.

Eventually, I apologized to all parties involved. The soccer boys, the parents, and the rest of the students that wanted to do homework, read or study. I made sure that everybody understood that even though the boys’s behavior was not acceptable, my reaction was not either. That day, I stayed 2 more hours after the end of my shift since I didn’t get any cataloging done before. The cataloging was a soothing exercise.

Now, I breath before reacting, and I ask students what is making them distracted. I reach them, instead of sitting in front of my computer all frustrated, I move around, I greet them with a smile as soon as they enter in the library even if they want to ignore me. I don’t get as much cataloging done as if I were alone, but I get the students involved in my chores, or I get involved in their qualms. And I do it with or without parents present. Besides, why we need to catalog books for? A school library without noisy students wouldn’t be a school library. #CCCWrite

BookFace
Boys helping me taking down an old collection of book that I needed to catalog
DominoEffect1
After they helped me, I let them do a domino effect with the books. The conditions were two: they needed to count how many books were in the collection, and none of the books could fall on the floor. They were 91 books, and none of them were harmed in the making of this.

Once upon a typewriter: from analog to digital

My analog life…

I think my professional development started from the day I was born.

I grew up in a family of readers where all the discussions at the dinner table ended up with a dictionary or an encyclopedia. My first memories of 4 or 5 years old are from my dad’s made up oral stories, and the books he made  for us with cardboard, newspaper clips and cartoons. My parents also have “los palos de los domingos” which was basically a wicker basket filled with a bunch of wooden blocks that they gave us to play with only on Sundays. I remember looking at my mom getting to the highest part of her closet to get the basket and give it to my younger brother and I. What a treat! I thought it was a huge basket. Years later I saw it, and it was not more like the size of a paper basket we have now in our bedroom and use as a garbage bin.

Diary
An old photo of my best friend since 3rd grade that I glued in my diary of 1975

During school, —besides books—-, notebooks, pen and pencils played a big role in my development. I really liked to write. I started a diary at age 10, and didn’t stop writing periodically on it until I was around 32 when I got my first, very own, desktop computer.

Snail mail served me immensely to expand my horizons. At age 10, I got on the quest of reading the entire collection of Enyd Blyton’s books, and with the help of my dad, I started to import them from Spain. I don’t remember the details of how we got the books to our house, but still checking a list from an editor from Spain, and striking out from it any new book I was receiving. At age 12, I started to have pen pals from all over the Americas. I remember especially one from Argentina who was very cute, and another one who wrote me from the US. His name was Modesto Mamani. He wrote me with a typewriter filled with Spanish grammar and spelling errors, and ink stains all over. He was quite old for me also. Nonetheless, I received letter, paper clips, photos and a lively interchange that was also the delight of my brothers who enjoy reading and laughing at me and my “love letters”.

c58932e831d42c8be2c0cad35a35ffb6In high school, almost all our work was done handwritten. In special occasions, our dad brought his typewriter home, and we could type on it, part of our work. When he upgraded his typewriter, we, children inherited, and shared during our last years of high school and first years of undergraduate school, a black Underwood typewriter which letter “h” always got stuck. Being a History major, I hated when I messed up with a footnote, since I needed to start almost all over again. After losing a couple of stories because of giving away the originals, I kept a folder with carbon copies. It was always a challenge aligning the three papers together, and changing the ribbon was always a mess.

The Xerox machine was also one of our allies. Around Campus, it was a mafia of photocopy machines businesses that profited of book-hungry students. We photocopied articles, books, classmates notes… Copyright laws were not enforced and when a book needed to be shared with 100 students, we forgot about them.

Around 1984, a big change in how delivering papers happen. The electric typewriter arrived in our household. And also wite-out correctors. Nonetheless, I was not an expert typewriter, and have to give my undergraduate thesis to a secretary to write it nice and neatly. It ended up with a bunch of typos anyway.

Not too far on the road we got our first household computer and printer. It was one of those continuous-feed punched hole paper printers with just one font. Our computer had floppy disk drives. During finals, and paper deadlines approaching, I remember chilling out or procrastinating by playing Digger which was addicting. Floppy disks was the start of a career collecting mountains of them and explore other ways of storing the massive amount of information that we were accumulating.

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Source: Sandra Schoen at Pixabay

Presentations were made with posters, and manual prompts. In my family we were really fans of slides, and preferred them over printed photos. It was also an excused to get together with family and friends, and show our latest adventure through a slide projector in the living room of our home. We even went into audio-media presentations by putting texts on hand made slides, and finding music that we recorded in the newly discovered technology: tape recorders.

In 1990, I went with a Fulbright scholarship to the US. Writing papers became easier and easier thanks to word processors. We still relied heavily on paper, and the World Wide Web was just starting. Faxes were the thing of the time to communicate with my family since phone calls were expensive, and regular mail too slow.

The 1990s was the starting of the information explosion but still it was only one way. We started to find more information on the internet, and by the mid 1990s,  Eudora email was in full blast for interchanging information. I remember working with a project in the Southern part of Chile to train 41 rural high school teachers to work with their students collaboratively via emails. Now,  that I think about it, we were quite the pioneers.

In 1993,  when I wrote my first book, I still did a lot of the research with pen and paper, and photocopying many XIX century sources from the National Library in Chile. When came the time to write the actual chapters, I remember being so excited since I could cut and paste, and put footnotes and citation at my leisure. At the end, the editor asked me to removed them all since the book was aimed to the layman and woman. Another thing was the storage of the chapters. The famous floppy disks started to be too small for the entire book. Backing the information up became a nightmare, and you never wanted to be in the situation of inserting the disk, and hear a sound like a non greasy wheel.

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Eudora Mail Interface

And then “puff!” we became digital…

By the early 21st century, things started to change rapidly. In year 2000 I moved with my family to the US. I have my own laptop, and did all the search for work on the internet at my remote mother-in-law ranch house in Montana. Eventually we ended up in the East coast, where I worked as education coordinator for a Hispanic NGO and parent liaison and translator for an elementary school. We were still pretty analog. Cell phones were pretty basics and still analog for us (we couldn’t afford a digital one until  the next decade). In 2004, when I started my Master in Library Science, I had two small children and was working full time. By the time, I got my first Ipod. I had so much reading to do, that if it wasn’t for the time spent listening to books on my ipod while commuting to work or class, I wouldn’t have been able to finish all the assignments. I remember driving after classes late at night through Constitution Ave. in Washington DC, listening to a conference where they talked about Ipod_1Gthe democratization of knowledge, and Thomas F. Friedman’s book The world is flat.

Since I was working full time, I was exposed for the first time to online classes which I found fascinating and daunting, depending on your professor’s experience on understanding this new way of delivering. I remember while visiting my family during Christmas break, I listen to the entire book The Curious Incident of the Dog in the Night-Time by Mark Haddon, while driving on a remote gravel road in Chile trying to find internet access to fulfill one of the requirements of one of my online classes.

When I finished my MLIS in 2006, the digital world was already on. I started to work as a brand new school librarian in Oregon. Being an information specialist, this new world did matter very much to me. One of my major concerns while doing my master though, was the digital divide. I thought that libraries where the answer despite the fact that my professor of CLSC 557 Libraries and Societies told me, when he handed me back my book analysis paper: “The report you chose has nothing to do with libraries, but you managed to make the connection.”  My “book” was a 2003 [brick] report from Cepal,  Building an Information Society: A Latin American and Caribbean Perspective. It still bugs me that he thought that it didn’t have a clear and straight connection with libraries and societies. I think it’s more and more relevant.

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Source: Stux at Pixabay

Anyway, that point I started to go to conferences where the integration of technology was “the thing” ( see my post 🙂 I felt a little bit left behind since making the leap was through fancy cell phones, and I couldn’t even think of having one digital. I just wanted to have one to practice. Nonetheless, I tackled things in an unorthodox way, and joined the e-coach community at the district level  where a bunch of nerd teachers shared their wisdom about technology and form cohorts to help other teachers to integrate it in their own practice. As a librarian, I gave my thoughts about digital citizenship, academic honesty and responsible use of information, so both, teachers and students understood the cycle of information and the importance of having a respectable digital footprint. It was the time of edublogs, wikis, and all things 2.0. that pretty soon became 3.0 and beyond.

Now, as a proud owner of a decent digital phone (thanks to my techie brother, who, last year, gave me one since he couldn’t believe that I was surviving in the world with a Samsung Galaxy Core Prime), I can do over the phone all the things that I did one by one  in my life-span: read books,  schedule and have online professional and personal meetings, communicate with people via email, whatsapp, instagram, facebook, twitter, skype, make decent videos in less that an hour, track the sales of our online store GringoCool, watch movies on Netflix, track my bike rides, prepare online workshops, grade online projects, find interesting professionals to follow, attend conferences, take amazing photos, check my blog posts, track the weather or find the cheapest time to run the dishwasher or dryer…to name just a few…

phone world
Source: Geralt at Pixabay

With my laptop, I can do those things and more. I can develop content online, prepare audio visual presentations, participate in writing clubs like #CCCWrite, obtain my virtual digital certification from UC, Irvine without moving from my desk in Spain, participate in a wider learning community that makes me connect in real time with people all over the world. I have so much agency (another fad word) of my own learning. How can we teach our students in this world that we are still learning how to navigate ourselves? Still, the concepts are the same: life long learning, critical thinking, collaboration, reading, writing, analyzing… Is it just a new format? Is it just new wine into old wineskins or old wine in new bottles?

With all these, my concerns are different: I think I am losing focus, and not finding the time to do all the things I would like to do, in both, the analog and digital world.

Time to rewire my brain again…

Multitasking
Source: Geralt at Pixabay

Conferences: fairy tales, thrillers or crime novels?

I am a slow thinker, and when everybody else is moving to the next page, I am still mulling on the first, and usually when I arrive home, is when I have the best comments of something that already happen. If I go for a run, or a bike ride, then, everything is clear and crisp. Being in Spain is giving me the advantage that I am 9 hours ahead of California, so I can feel that I am posting my second blog entry for the Reflective Writing Club on time #CCCWrite

I haven’t attended too many conferences because my position as a school librarian is difficult to fund by schools. Conferences are expensive, you don’t only have to pay the fees but also room and board during the days that the conference last, and ask for leave days which are a nightmare for administrators.

In the early 1990s,

I remember when I was a graduate history student at SUNY, Stony Brook. I attended a history conference in New York city. Paying the fee was very affordable as a Fulbright student. I was very excited. There were so many lecture options to attend, and they were so many books and papers given away, that at the end of each day, I could barely walk with all the weight I was carrying. I got overwhelm by the amount of information and possibilities. I couldn’t stand the fact that two sessions I was interested in, where given at the same time.  Soon enough I realized that almost all the presentations were very boring. Professor just sat in front of an audience, and read their papers out loud in a monotone voice. I couldn’t stand it. I figured out that the best way spending my time at the conference was by going to the rooms of the lectures I was interested in, and collect a print copy of the papers that they were giving away, and read them at home. I still have great memories of them. I learned that I can be more exciting that an old professor, and thankful that now papers and conferences can be posted and found online.

In the  mid 2000s,

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

As a  certified teacher-librarian in Oregon, I had a very supportive principal and attended three very exciting and engaging conferences in which I met authors such as Susan Patron (The higher power of lucky) (Making Waves, OASL 2007 Conference Seaside, OR),  or Frank McCourt (Angela’s ashes), John Green, Pete Hautman, and Palestinian-American poet Naomi Shihab Nye, at the joint OASL/WLMA 2008 Conference in Portland, Oregon, exactly 5 days after I ran the full Portland marathon with my sister-in-law;

MarcoTorresatworkor at the Instructional Technology Strategies Conference (ITSC) sponsored by OETC in February 2009, in Portland, Oregon where I heard keynote speaker Ken Robinson, and attended a workshop with high school history-film teacher, storyteller, and guru Marco Torres . Funny thing was that when this last conference was over, I was laid off by my school district due to the economic crisis, where school librarians and newbies like me were the first one in letting go.

All these experiences, I tried to transmit them in my daily routine, by joining committees in my school district, collaborating with other organizations in the community, helping teachers integrating technology in their classrooms, and exposing my students with new readings, authors and ideas.

In the 2010s,

Here in Spain I have to rely on my own capacity for attending conferences. The last two I attended where in October and November of last year. In both cases, I was able to attend just because I am taking a year of leave, so I have the time to go without fighting with the system for going, and also because they were affordable for my pocket. Actually, one was free and in the same area I live in (II Jornadas de formación para la promoción de la lectura y escritura, Sevilla), and the other one, only two hours away (XIX Jornadas Bibliotecarias de Andalucia in Huelva).

In the latter, I found the cheapest room in Airbnb that I could find, and talked to the public librarian from my town (who I knew was going), to catch a ride with her. Fortunately, I am not very picky with food, and my stomach gets full very rapidly. I just need to get a coffee in the morning, and then I  can survive anything.  I can mostly fill myself with the snacks they give you at conferences and keep going.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

In both conferences I got really enthusiastic, and fired up. I have to confess though, that I am not very picky.  I appreciate any opportunity outside of the work routine, even if they are boring. I think they are a chance to get out, to think, to meet people, to establish contacts, and relationships. To hear other perspectives and ideas, and to learn to be more flexible.

The only thing I have found in every event I have attended as a long ranger is that I am an outsider. I would love to contribute and collaborate with people, but I am not sponsored by anybody or come with any group. The social part is also tough. It seems that everybody knows each other, and it’s difficult to break through. I try to find my own way by exploring other aspects of the whole experience.

I love to see other cities by discovering the daily life and atmosphere of the place. The best way for my budget (and also because I enjoy doing it that way)  is by walking, entering in little stores or local markets, buying food in supermarkets, talking to locals, trying to get out of the touristic section) or going to the touristic section undercover), and by taking public transportation (taxis are not allowed if it’s possible). I also enjoy taking photos, so any opportunity I have to travel due to a workshop or a conference, I take photos and post them in Instagram and Facebook, and also keep them in my files to help me illustrate later my own presentations. I also love to go for a run either early morning or in the evenings. It’s a great way to see a city when you don’t have too much free time outside of the conference, and also helps to get rid of all the stiffness caused by the amount of sitting time spent during them.

I remember one time I went for a three day IB training in Geneva, Switzerland. The hotel and site for the training was very far from downtown (at least 5 miles), with not very good transportation. The training was so intense, that we didn’t have time in the evenings. The only way I had to see the city was by running at 5:30 in the morning. It was dark, but still I got to see a little bit of a somber and quiet downtown. At least, I saw it. Part of going to conferences away from your home is learning from people and places.

I have thought that maybe I can attend a conference by giving a paper or a workshop but never have very clear what should I talk about, since I see so many wonderful professionals so knowledgeable and prepared. Last week,  I saw one call for papers at an international school librarian conference, and I decided to apply. I started thinking what are my skills and strengths as school librarian, and came up with a very fun workshop (I won’t give details, because it’s on review). Probably I won’t get picked, since I am not sponsored by any institution but by myself, and who will believe that I am good? Nobody but me. But I am not giving up. If I get to present, I will be so excited! It will be like being called to be cast as an extra for a Netflix series.

Conferences are mostly like a fairy tale, dreaming on attending one, sometimes being successful, sometimes not. If you are in, there are like a thriller, you get so pumped up! When your district sent you to this nice or expensive conference, and then doesn’t have time for you to share your experience, or doesn’t care less, is just like being in a dark crime novel.  I am hoping for more thrillers in the late 2010s and early 2020s.

Me llamo Primavera…

En mi última entrada del blog escribí de los tres objetos que teníamos que llevar al taller Memoria de mujer en 3 actos , al que estoy yendo desde el 19 de enero. El día que utilizamos los objetos los tuvimos que poner en algún lugar de la sala. La botella de agua de colonia de mi mamá terminó en un rincón igual que en mi casa, el aceite de oliva en una mesa que me evocaba una cocina, y el poncho en el medio del piso, estirado con un libro encima que alguien había llevado. Las demás integrantes del grupo pusieron sus objetos igual que yo, donde mejor les parecía que debían ir.

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Acto seguido, nos pidieron que nos ubicáramos en el rincón que más nos representara, y yo me fui junto con otra compañera, donde estaban el poncho y el libro. Provistas de tijeras, lápices de colores, y papeles de diversas texturas, nos dijeron que le añadiéramos todos los elementos que quisiéramos para sentirnos a gusto. Terminé haciendo un tazón de cartulina para tomar café o té e incluso un cigarrillo para que mi compañera fumara tranquila. Esparcimos algunas flores hechas con papel crepé y nos tendimos y reímos mucho. Nos sentíamos en la campiña, disfrutando de una tarde de picnic, con nuestro libro preferido y el sol en nuestros hombros y cara. A la indicación de que pensáramos en un personaje que nos representara, se me vino al instante “La Primavera” de Boticelli, y como dicen en inglés, me quedé stuck con ese personaje al que tendría que hacerle honores a la sesión siguiente. Además nos dieron de tarea que pensáramos en una frase, o lema reindivicativo, que nos representara y que quisiéramos gritar en voz alta el último día del taller en el que íbamos a representar algo para el público. Ugh. Suspiro. Tener yo que soltar una frase reindivicativa a grito pelado siempre me ha incomodado. Por supuesto, cuando llegó la siguiente sesión, se me había olvidado la tarea.

La sesión comenzó con la lectura de un poema del libro “Mujer descalza junto al mar” de Antonio Castaño y comentario del mismo en partes. Se habían repartido trozos a cada integrante del grupo, quiénes los fueron leyendo por turno dando tiempo a comentar cada uno. Como yo llegué tarde, no me tocó ningún trozo lo que me desilusionó un poco, pues me encanta leer en voz alta. Eso hizo que no me concentrara mucho, además que no me gustó que el poema, que trataba de mujeres, hubiera sido escrito por un hombre, no por el hecho que no fuera un buen poema o pensar, como creen algunos que es el feminismo, que si proviene de un hombre es deleznable. Más bien porque parte del planteamiento del taller había sido el dar a conocer más a artistas mujeres y que una vez finalizado éste, íbamos a llevar en nuestras entrañas con nombres y apellidos, el aporte desconocido de la mujer en todo tipo de arte.

Por de pronto, intentando encontrar el poema exacto de Antonio Castaño en internet, me encontré con un blog llamado Poesía de Mujeres, en donde Ana Muela Sopeña, publica poesía escrita por mujeres de todo el mundo. La última entrada que vi, es del poema “Lejos” de Agnes Agboton de Benin.

Volviendo de mis disgresión, finalmente una de las lecturas del poema de Castaño me llevó a salirme de mi enfado o distracción y me trajo a la cabeza la famosa frase de Neruda que ha sido MI FRASE de lucha política toda mi vida “Podrán cortar las flores, pero no la primavera“.

Por lo que acto seguido, cuando nos indicaron que diéramos a conocer nuestra frase reinvindicativa, voilá, yo ya la tenía.

¡Podrán cortar las flores, pero no la primavera!

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Finalmente, nos pidieron que recordáramos nuestro personaje de dos sesiones atrás, y que escribiéramos en primera persona quiénes éramos. Y como deben recordar, yo era la Primavera de Boticcelli, y si bien nos dieron la libertad de cambiar de personaje, al recordar mi frase reinvindicativa, supe que no podía abandonarlo, por mucho que yo supiera que la cruda realidad era que yo claramente nunca había sido ni sería la Primavera de Boticelli. Aunque debo reconocer aquí, que la que yo tenía en mi mente no era la Primavera sino el Nacimiento de Venus. En todo caso, ambas inalcanzables.

Y ahí estaba yo, con lápiz y papel de nuevo, intentando ponerme en los zapatos o pies descalzos de mi imaginaria Primavera. Y comencé a escribir “Me llamo Primavera,me pusieron así porque nací en marzo, tengo 20 años y tengo el pelo cobrizo, largo y muy rizado” y de repente ¡BOOM! se me vino la imagen de mi hija, y desde ese momento ya no pude parar. Mi hija se había apoderado de mi personaje. Mi útero incondicional me la había llevado hasta el centro de esa habitación desnuda y en menos de lo que canta un gallo escribí lo que me salió de allí y me emocionó. Fue curioso, pero a otra integrante del grupo le pasó lo mismo y su hija de 19 años se posesionó también de su papel.

He aquí mi Primavera:

Me llamo Primavera. Me pusieron así porque nací en marzo. Tengo 21 años. Tengo el pelo cobrizo, largo y muy rizado. Estudio y trabajo a la vez y me visto como me da la gana, aún cuando una profe del Instituto me haya dicho alguna vez: “Tú eres muy mona, pero te vistes pésimo”.

Me emocionan los detalles pequeños, la vida urbana entremezclada con la naturaleza y las grandes injusticias que conviven en nuestra sociedad como si no existieran. No me gusta que me vean llorar, pues siento que me van a mirar en menos, o no valorar mi capacidad de trabajo.

Soy alegre, fuerte, segura y el futuro me sonríe. Mi frase por siempre será la de Pablo Neruda: “Podrán cortar las flores, pero no la primavera“.

Quizás mi hija es para mi, como yo lo fui para mi mamá, y como lo fue mi mamá, para su hermana mayor, su suegra y su propia mamá, una nueva generación que pueda continuar nuestros logros, y reconstruya de nuestros fracasos, esperando que no caigan en las propias trampas que nosotras mismas le hemos tendido, sino que en las redes de amor y apoyo que hemos intentado torpemente darles para que lleguen a una nueva orilla, caminando de frente y orgullosas, sin odio o rencor, sino con energía revitalizadora, capaz de sanar hasta las heridas más profundas de nuestra sociedad.

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Me llamo Primavera. Me pusieron así porque nací en marzo. Tengo 21 años. Tengo el pelo cobrizo, largo y muy rizado. Foto “a lo Tuenti” que le carga a mi hija Matilde: Pia Alliende
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Estudio y trabajo a la vez y me visto como me da la gana, aún cuando una profe del Instituto me haya dicho alguna vez: “Tú eres muy mona, pero te vistes pésimo”. Foto: Antonio Morilla
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Me emocionan los detalles pequeños, la vida urbana entremezclada con la naturaleza y las grandes injusticias que conviven en nuestra sociedad como si no existieran. Foto: Sonnie Hiles
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No me gusta que me vean llorar, pues siento que me van a mirar en menos, o no valorar mi capacidad de trabajo. Foto: María José Larraín.
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Soy alegre, fuerte, segura y el futuro me sonríe. Foto: Cinta Martin
Mati holding bike
Mi frase por siempre será la de Pablo Neruda: “Podrán cortar las flores, pero no la primavera”.