Mistakes, biutiful mistakes…

To the Beauty of Failure
To the beauty of failure

As perfectionist as I am, committing mistakes is part of my every day life. One of the reasons why I am not very good at writing blog posts is because I am scared of all the grammar mistakes I will commit. It takes time to write “the perfect post” in English. You don’t have an idea how many times I edit them, and how many mistakes I find every time I re-read them. I hate to commit misspelling mistakes. Even in Facebook, Instagram or Whatsapp. I wish I were like those young adults that write in social media, with awful misspellings, almost as a new language, and enjoying it.

Even though, I am aware I commit tons of grammar mistakes while writing in English, I am starting to shake myself up, and grow a “who cares” attitude. That’s the only way I can improve my writing, by writing and committing mistakes, catch them, and correct them if possible, or move on.

busy libraryfussyBut that’s a mistake that doesn’t do any harm (but to my ego), and I might not consider those as biutiful mistakes. A biutiful mistake is the one that makes you grow as a person, and hopefully become a better one. One of these mistakes happen to me one day while I was working after school at the library. They have been pressuring us to finish a cataloging project, and I had almost three hours ahead of me for catching up on the project. So, I was happy to be on the late shift. But, oh well, nothing is perfect. The usual group of middle school boys showed up. I called them the ¨soccer boys” since they dropped themselves in the library with an attitude, with their laptops in hands only to be used to play shooting video games, and with a loud voices to call people out from one side to the other of the room. They were noisy, bored to death and in the library just to kill time until their practice started.  They were also, quick, sharp, and funny. I think that to certain degree, part of their thrill was to make the librarian in charge mad. The library was the only place in the school after classes that offered them tables and outlets for their laptops, and air conditioning that they can request to be turned on or off at their leisure.

That particular day, they were tons of other tired younger students in the library struggling with homework, and older ones that were studying for tests. Usually, the presence of the soccer boys was for the rest of the kids, a blessing and a curse. A blessing because they got to laugh and get distracted; the younger ones looked up at them and admire their corky personalities. For the older ones, by being observant of a situation that they didn’t approve, gave them an opportunity to judge. The curse was that nobody got things done.

Shushing librarianAnd I lost it. Yes, I was so frustrated that I started shushing them first, and then getting out of my desk yelling. After like 10 minutes of back and forth arguments, I kicked them out of the library. It was not a planned or controlled madness, and that upset me the most. When I was done yelling, I returned all flustered to my desk and started scoping the space. I noticed that in a corner there were a couple of very quiet parents reading, They had witnessed my tantrum from the start to the end. I freaked out. These parents were going to sue me. I was going to be fired.

Eventually, I apologized to all parties involved. The soccer boys, the parents, and the rest of the students that wanted to do homework, read or study. I made sure that everybody understood that even though the boys’s behavior was not acceptable, my reaction was not either. That day, I stayed 2 more hours after the end of my shift since I didn’t get any cataloging done before. The cataloging was a soothing exercise.

Now, I breath before reacting, and I ask students what is making them distracted. I reach them, instead of sitting in front of my computer all frustrated, I move around, I greet them with a smile as soon as they enter in the library even if they want to ignore me. I don’t get as much cataloging done as if I were alone, but I get the students involved in my chores, or I get involved in their qualms. And I do it with or without parents present. Besides, why we need to catalog books for? A school library without noisy students wouldn’t be a school library. #CCCWrite

BookFace
Boys helping me taking down an old collection of book that I needed to catalog
DominoEffect1
After they helped me, I let them do a domino effect with the books. The conditions were two: they needed to count how many books were in the collection, and none of the books could fall on the floor. They were 91 books, and none of them were harmed in the making of this.
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El lector salvaje selecciona sus propio material de lectura

Siguiendo con el hábito Nº 2 del libro de Donalyn Miller, Reading in the Wild,  El lector salvaje selecciona sus propio material de lectura, hoy comentaré cómo podemos tomar consciencia de este hábito y facilitarlo en nuestros alumnos.
Este es Carlos,un niño de 1º de primaria que tuvo que ir a la Biblioteca durante todos los recreos y horas de almuerzo de diciembre 2015 y enero y parte de febrero 2016 ya que lo habían operado y no podía salir a correr al patio. Todos los días me pedía exactamente el mismo libro, El hombre del saco de Josep M. Jové y se podía quedar recreos enteros mirando las maravillosas ilustraciones de Tha. Un día en el que no pudo entrar a la Biblioteca de los pequeños,  pues estaba ocupada por otra actividad, lo dejamos entrar a la Biblioteca de los grandes, y se enamoró del libro Spiderman, la versión definitiva de Tom Deflaco. Pasó tres días compitiendo con un niño de 8º que también le gustaba leer el mismo libro, y que casualmente también se llamaba Carlos. Tiene un libro atrasado desde noviembre, pero se las ingenia para sacar libros sin permiso o conquistando el corazón de una de las bibliotecarias, eligiendo lo que él quiere leer.
En otra ocasión, sin embargo, me encontré con una madre y Roni, su hijo de 4º de primaria, buscando un libro para que el niño leyera. Me aproximé suavemente a él y le pregunté qué cosas le gustaba hacer. Me miró y se encogió de hombros. Ante mi insistencia, miró tímidamente a su madre y le dijo: mamá, ¿qué cosas me gustan a mi? Y la madre comenzó a enumerar un montón de cosas. Quedé impresionada de la incapacidad que tenía el niño de expresar sus propias preferencias, especialmente siendo un niño que estaba bastante familiarizado con la biblioteca.
En el capítulo 2 de su libro Reading in the Wild, D. Miller enfatiza la importancia de enseñarle a nuestros alumnos a aprender a elegir libros por su cuenta.  Al adquirir esta habilidad los alumnos
  • Se dan cuenta del valor de sus habilidades para tomar de decisiones
  • Desarrollan la capacidad de elegir literatura apropiada
  • Adquieren seguridad y confianza en ellos mismos al mismo tiempo que un sentimiento de propiedad
  • Mejoran sus niveles de lectura
  • Se animan a transformarse en lectores habituales de por vida (p.46)

Muchos niños tienen dificultad en elegir libros para leer porque no tienen el conocimiento previo sobre libros o autores y no saben cómo averiguar sobre los libros que les gustaría leer. Profesores y bibliotecarios podemos ayudar a estos niños, guiándolos a través de recomendaciones y otras animaciones de lectura, pero al final, niños como Roni, tienen que adquirir la confianza y habilidad para elegir con éxito sus propias lecturas tanto académicas como las placenteras, si queremos que sean lectores salvajes.  Pero ¿cómo?

Para mejorar la habilidad para elegir los propios libros según D. Miller hay que crear muchísimas experiencias positivas de lectura y frecuentes oportunidades de hojear, compartir y conversar sobre libros (p.47). Esto crea conversaciones comunes sobre lectura y libros que fortalecen la capacidad de los alumnos para elegir por su cuenta. Algunas de ellas son:

Lectura en voz alta

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The Pocketman

catinthehatSiendo yo una entusiasta de la lectura en voz alta con niños de todas las edades, no puedo enfatizar lo suficiente lo importante que es leerle a nuestros alumnos en voz alta, no solo a los pequeños, sino a toda edad. Tenemos la tendencia a creer que es algo que se hace solo con los niños entre los 3 y 6 años, edades en las que saben pescar un libro, pero no pueden leer de manera independiente. Cuando comento que le leía a mi hija Matilde cuando tenía 6 meses Cat in the Hat  de Dr. Seuss y se mataba de la risa, algunas personas me miran incrédulas o cuando les cuento que cuando cumplió 18 años fui a su clase y le seguí leyendo Dr. Seuss, además de una poesía de Neruda, siguen incrédulas o quizás admiradas de mi persistencia o falta de vergüenza.

Durante el mes de la poesía, hace algunos años incursioné en laIMG_0211 (Small)s clases de secundaria leyendo poesía en voz alta e invitando a los alumnos a leer conmigo. Iba disfrazada como un personaje que creamos en la Biblioteca llamado PocketMan que se vestía con un abrigo largo negro lleno de bolsillos donde llevaba libros. Las incursiones duraron hasta que en una de las clases, según la versión oficial, pues yo no me di cuenta del incidente, uno de los alumnos no se comportó del todo y me prohibieron continuar. Sin embargo, esto no ha disminuido mi entusiasmo sobre el beneficio de la lectura en voz alta y la necesidad de los cuentacuentos para grandes y chicos. Será porque mi papá me inició en ello desde muy chica.

Estos son algunos de los beneficios que señala Donalyn Miller de la lectura en voz alta (p.49-50):
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  • Crea una comunidad de lectores con experiencias compartidas que los conecta. Ríen y lloran juntos compartiendo las aventuras del personaje principal
  • Expone a los niños a libros, autores o géneros literarios que puede que no descubrirían por su cuenta
  • Da la posibilidad de introducir a los alumnos a géneros literarios que a menudo evitan como poesía, biografía o libros de información.
  • Apoya el desarrollo de buenos lectores
  • Refuerza la idea que leer es divertido
  • Y yo añado, desde un punto de vista puramente egoista, crea lazos entrañables con los propios alumnos

Crear emoción alrededor de un libro

Swan, Pickie Fun Park
Swan, Pickie Fun Park by Rossographer

Esta estrategia me recuerda la historia de una tía mía, quien a los veinte año estaba en un parque de diversiones con un grupo de amigas y la única atracción en donde no había una larga fila para entrar, era un juego de cisnes flotantes que giraban lentamente muy aburrido y con muy poca adrenalina . El grupo de amigas decidió subirse ya que no había nadie, y comenzaron a gritar como dementes, como si se estuvieran tirando por Formula Rossa, la montaña rusa más rápida del mundo. Al poco rato, la gente comenzó a mirarlas y rodear la atracción, hasta que finalmente se llenó y ya no estaban solas.

Ferrari World – Formula Rossa by Kathrin Mezger

Pues lo mismo se puede hacer con un libro. Promocionarlo con misterio, excitación o cierta emoción.

Donalyn Miller sugiere hacer una rifa para los libros que se leen o presentan en diferentes clases durante el día, ya que todos los niños quieren llevárselo y es injusto que solo los que asisten a primera hora, tengan la oportunidad de hacerlo. La rifa crea un interés añadido al libro, ya que salir elegido como el primero en leerlo, da cierto status y emoción.

Cuando se abandona un libro …

Es necesario que los alumnos tomen conciencia del por qué abandonan la lectura de un libro. Las conversaciones que se pueden crear en torno al por qué se ha abandonado un libro, pueden ser tan interesantes como las que se generan si el libro nos hubiera encantado . Los lectores salvajes abandonan libros de vez en cuando y el abandonar un libro solo presenta un problema cuando se transforma en una tendencia que impide a los alumnos a leer más libros. Según Miller,los niños que abandonan libros frecuentemente son aquellos que no han tenido muchas experiencias positivas de lectura, y no reconocen cómo funciona la narración, por ello es importante enseñarles cómo funciona el desarrollo de una trama y animarlos a persistir cuando la trama pierde momentum. Cuando los alumnos eligen sus propios libros, debemos valorar su elección lo más posible, es decir, aceptar que a veces no les haya gustado el libro y no lo hayan terminado,o bien, aceptar que quieran leer libros más difíciles o más fáciles que su nivel de lectura.

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My Recent Reading Choices by Debbie Ohi

Reflexionar sobre las elecciones de libros. Cuando los estudiantes reflexionan sobre los libros que han leído y cómo los han seleccionado les ayuda a tomar consciencia de los métodos que utilizan para descubrir nuevos libros para leer. Donalyn Miller  utiliza con sus estudiantes un formato de “Mi reflexión sobre mi selección de libros” en el cual los alumnos deben responder a preguntas tales como ¿Cómo averiguas que libros te gustaría leer? Cuando ves o escuchas sobre un libro, ¿cómo decides si ese libro es el que te va a gustar leer o no? ¿Has abandonado alguna vez un libro? Por qué, o por qué no? ¿Tienes éxito al elegir tus propios libros? ¿Por qué si o por qué no? (pp.67-70) Un formato simplificado creado por Debbie Ohi (en inglés) se puede encontrar aquí.

Es importante ayudar al alumno a crear sus propios criterios para determinar si un libro cumple con sus objetivos personales o no.  La clave está en guiarlo a ser independiente. Los alumnos deben crear relaciones con compañeros de lectura y usar diversas fuentes escritas, online u orales para informarse de los libros que les gustaría leer. Fuera de los bibliotecarios o profesores del colegio los alumnos pueden explorar websites con recomendaciones como Goodreads, o Teenreads, recomendaciones de sus propios compañeros, librerías, bibliotecas públicas, padres, abuelos, clubes de lectura, etc.

Los estudiantes que eligen métodos poco criticos para elegir libros como popularidad, portada, cantidad de páginas, tamaño de la letra o cantidad de ilustraciones, necesitarán más ayuda y guía en aprender a hojear, y evaluar libros para encontrar el más adecuado. El que los alumnos mantengan un diario de lectura o pasaporte lector no solo es válido como una manera de chequear que están leyendo, sino ver cómo sus lecturas evolucionan o no a lo largo del año y cómo se desarrollan como lectores independientes. Si se les da una variedad para elegir, con expectativas altas de lectura variada y buen acceso a libros, la elección de los niños naturalmente aumenta en rigor, complejidad y géneros o autores antes no explorados. (Miller, p.78)

Los lectores que leen como salvajes destinan tiempo para leer

reading in the wildDurante mis vacaciones de Navidad me he leído el libro de Donalyn Miller “Reading in the Wild: The Book Whisperer’s Keys to Cultivating Lifelong Reading Habits” (Jossey-Bass, 2014) que me ha inspirado para adoptar algunas de sus ideas en mi trabajo habitual de bibliotecaria escolar en un colegio IB, así como guiar de manera más consciente mis propias lecturas.

Mi traducción del título sería “Leyendo como salvaje” ya que el libro de D.Miller gira en torno a los cinco hábitos y actitudes que tienen los lectores que incorporan la lectura como un acto de vida. En Chile existe una expresión de hacer algo como salvaje, que indica que se hace de manera desmesurada, de allí mi traducción a leer como salvaje que creo se acerca más que a la traducción literal de Leyendo en la naturaleza o algo parecido.

Miller da ideas de cómo promover estos hábitos y actitudes en la sala de clases basándose en su propia experiencia como profesora de lectura y escritura.

 La autora identifica que los lectores salvajes

  1. Dedican tiempo a leer
  2. Seleccionan por sí mismos sus propios materiales de lectura
  3. Comparten libros y lecturas con otros lectores
  4. Tienen planes de lectura
  5. Muestran preferencias por ciertos géneros literarios, escritores y temas.

 Hoy comentaré el primer hábito.

Los lectores salvajes dedican tiempo a leer. El lector ávido encuentra cualquier excusa para leer y aprovecha momentos que podrían ser perdidos, para poder leer: la cola en el banco, esperando en la consulta del médico o dentista, escuchando libros en el auto mientras conduce al trabajo, en el bus, tren o avión, mientras espera a uno de sus hijos a las puertas del colegio o la práctica de algún deporte, antes de que empiece una película en el cine. Siempre pone en su bolso un libro, por si las moscas, trata que esos minutos muertos no lo pillen desprevenido. ¿Cuántas veces casi me han atropellado por ir caminando embebida en un libro? Últimamente, sin embargo, me he pillado más preocupada de llevar mi teléfono que un libro,y matar esos minutos perdidos revisando emails, o tonteando con el Whatsapp o Facebook. Encontrar tiempo para leer requiere de un compromiso. Si no lo hacemos una prioridad, es fácil no hacerlo. Siempre hay otras cosas más importantes que hacer o que compiten con la lectura: los niños, la falta de sueño, cocinar, lavar la ropa, el trabajo, las redes sociales. Creo que debo volver a mis hábitos antiguos y dejar el teléfono escondido en lo más recóndito de mi mochila o bolsillo.

 En el caso de los niños, pareciera que sucede lo mismo. Si en el colegio no se les da un tiempo para leer lo que les de la gana todos los días, no leerían nunca, haciendo las probabilidades que lleguen a adultos como lectores salvajes casi nulas. Esto hace que sea importante enseñarle a los alumnos a desarrollar la habilidad de encontrar por sí mismos tiempo para leer y para ello hay que conversar con ellos para que tomen consciencia de las infinitas oportunidades de tiempo muerto que podrían dedicarlo a leer, y que no se vean limitados a los 30 minutos de corrido antes de irse a acostar que a veces les exige el profesor.

 Hablar con ellos sobre los minutos que se pueden robar para la lectura, sobre los libros que se han leído de un sentón y reflexionar qué fue lo que les gustó de ellos y proveerles con lecturas que los motiven y enganchen ayuda a los estudiantes a tomar consciencia de sus hábitos de lectura. Donalyn Miller enfatiza que con solo proveer con un lugar y tiempo para leer a los alumnos no es suficiente para que los alumnos sepan encontrar momentos para leer fuera del colegio, o determinar qué condiciones de lectura son sus preferidas  (p.18).  De allí que en su clase cada alumno realiza generalmente en el 2º trimestre, un “itinerario de lectura”, en donde por una semana, anota cada lugar en donde leyó y por cuánto tiempo. Esta actividad ayuda a los alumnos a tomar consciencia de sus propios hábitos de lectura o falta de ellos y a reflexionar sobre qué obstáculos les impide leer. Como dijera John Dewey en “How we think”, no aprendemos de la experiencia…aprendemos al reflexionar sobre la experiencia (Miller,18).

 En mi colegio, las clases de 1º a 4º de primaria vienen una o dos veces por semana a la biblioteca, ya sea para leer de manera independiente o leer en grupo. Cuando los profes quieren que los alumnos dediquen el tiempo a la lectura silenciosa, siempre hay un par de niños que nunca se quedan quietos y por lo mismo no están leyendo, o bien, simulan estar leyendo. ¿Cómo ayudarlos? Generalmente estos niños son los que nunca han tenido demasiado éxito con la lectura e incluso se sienten orgullosos de decir que a ellos la lectura no se les da bien. En colegios competitivos donde se dan lecturas obligatorias, los padres exigen a los niños cosas que ellos no pueden cumplir, o donde los pasaportes de lector o sus variantes son más bien un impedimento que un aliciente, llevan a los niños aún más lejos de encontrar placer en la lectura. La mayoría de las veces, son niños inseguros, carentes de autoestima académica.

 Al leer a Donalyn Miller, me di cuenta que muchas de las estrategias que ella sugiere yo ya las estaba aplicando, pero que quizás las deba hacer más conscientes, e incluso llevar un registro de ellas, de manera personalizada para cada niño.

Primero hay que observar y anotar las conductas de los niños por varios días, para evitar generalizaciones. Todos tenemos días en los cuales no tenemos ganas de leer o estamos más distraídos.

 Luego hay que confrontar a estos estudiantes de manera delicada y con cariño. Ver si ese darse vueltas por la biblioteca, o deseos repentinos de ir al baño o de ayudar, es debido a una conducta relacionada a una mala elección de libro o a una conducta de no leer habitual. Para la primera, se necesita conversar con el niño y sugerirle alternativas más accesibles a su nivel de lectura o intereses. Si leer en general es difícil para estos niños, habría que conversar con ellos para encontrar las causas. A veces no hace falta más que cambiarlos de lugar. (Miller, 29)

 Una vez que se han identificado libros accesibles y que los entusiasme, es importante establecer metas de lecturas realistas y celebrar los pequeños logros ya que los estudiantes que declaran que leer es aburrido, en la mayoría de los casos es porque no han tenido experiencias positivas de lectura, quedándose con la frustración de no finalizar un libro o sentirse conectado con lo que leen (Miller, 30).

 Una estrategia que utiliza D. Miller para iniciar a sus alumnos en la lectura es la del “Estado de la clase” (en relación a la lectura) sacada del libro “The Reading Zone” (2007) de Nancie Atwell. A fines de la primera semana del año escolar, o después de un fin de semana largo o vacaciones de invierno, Miller le pide a sus alumnos durante algunos días que anoten el libro que están leyendo, la página que van a comenzar ese día y una frase (que no delate detalles que podrían arruinar la lectura de otros) que describa que está pasando en el libro. Luego le pide a cada alumno que lea su “estado” en voz alta. Esta estrategia ayuda a los alumnos a practicar el comentar sobre un libro de manera concisa y en un ambiente de poco riesgo. Se refuerza el mensaje que todos deberían estar leyendo y que cada lector tiene un mensaje que compartir. Los estudiantes escuchan sobre los libros que están leyendo sus compañeros y que potencialmente podrían leer ellos y los estudiantes que son más lentos en comenzar a leer, se dan cuenta rápidamente que tienen que compartir con los demás lo que están leyendo (o no), lo que los ayuda a ponerse las pilas (Miller, 36).

 En resumen,el mostrarle a los alumnos cómo  incorporar en su rutina diaria la lectura los enriela en el camino a leer como salvajes y les da la práctica que necesitan para internalizar los otros hábitos.

 If you have never said “Excuse me” to a parking meter or bashed your shins on a fireplug, you are probably wasting too much valuable reading time. / Si ¨nunca le has dicho “Disculpe” a un parquímetro o te has pegado en la pantorrilla con un grifo, estás probablemente perdiendo demasiado tiempo de valiosa lectura.
—  Sherri Chasin Calvo